El despertador sonó, Sonia se incorporó de la cama y se sentó
sobre ella. Meditó acerca de la rutina que iba hacer hoy. Se volvió acostar.
El despertador sonó otra vez, ella no lo escuchó. No se
levantó, ni lo escuchó seguir sonando por horas.
Sonia se durmió profundamente, soñó con una isla llena de
náufragos de varias generaciones pasadas congelados en el tiempo. También vio
como una niña paseaba descalza por la calle sin ser vista.
Un ruido muy lejos se empezó a escuchar, era como un “Tin
Rin” constante. A Sonia le molestó, se tapó los oídos tratando de no escuchar. ¡ESTOY BIEN AQUÍ! Gritó desesperada
como si alguien la fuera a oír.
El despertador siguió sonando, sobre la cama Sonia se retorcía
en silencio. En su nariz se podía ver un hilo de sangre que empezaba a
recorrer su piel hasta la comisura del labio.
Sus ojos pestañeaban constantemente. Los lánguidos
brazos de ella se estiraban frenéticos al cielo en busca de lo desconocido.
El despertador dejo de sonar, el silencio embargó la
habitación.
Sonia se incorporó del
el pavimento sudorosa y confundida. Varias personas, entre ellos
payasos, enanos y brujas la ayudaron a ponerse de pie. Sonia gritó, pero no
salió voz de su garganta. Miró desesperada a ambos lados de la calle, hasta
hace momento estaba llena de gente, y que ahora se encontraba vacía. Entonces
ella decidió que ya no quería estar
allí.
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