domingo, 18 de mayo de 2014

Sonia


El despertador sonó, Sonia se incorporó de la cama y se sentó sobre ella. Meditó acerca de la rutina que iba hacer hoy. Se volvió acostar.

El despertador sonó otra vez, ella no lo escuchó. No se levantó, ni lo escuchó seguir sonando por horas.

Sonia se durmió profundamente, soñó con una isla llena de náufragos de varias generaciones pasadas congelados en el tiempo. También vio como una niña paseaba descalza por la calle sin ser vista.

Un ruido muy lejos se empezó a escuchar, era como un “Tin Rin” constante. A Sonia le molestó, se tapó los oídos tratando de no escuchar. ¡ESTOY BIEN AQUÍ! Gritó desesperada como si alguien la fuera a oír.

El despertador siguió sonando, sobre la cama Sonia se retorcía en silencio. En su nariz se podía ver un hilo de sangre que empezaba a recorrer su piel hasta la comisura del labio. 
Sus ojos pestañeaban constantemente. Los lánguidos brazos de ella se estiraban frenéticos al cielo en busca de lo desconocido.

El despertador dejo de sonar, el silencio embargó la habitación.


Sonia se incorporó del  el pavimento sudorosa y confundida. Varias personas, entre ellos payasos, enanos y brujas la ayudaron a ponerse de pie. Sonia gritó, pero no salió voz de su garganta. Miró desesperada a ambos lados de la calle, hasta hace momento estaba llena de gente, y que ahora se encontraba vacía. Entonces ella decidió que  ya no quería estar allí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario